4. Heridas abiertas
Mateo se ha sumado a nuestro ritmo de vida, después de la toma de las ocho, se queda dormido entre nosotros y cuando nos despertamos los tres nuevamente nos quedamos en la cama, para hacer las mañanas de los sábados lentas y relajadas. “Ven con papá” dice David mientras lo coge para sacarle el aire. Los observo tumbada escuchando las carcajadas de Mateo por las pedorretas en la panza que le hace David.
-”Papá. Pa-pá. Qué liviana me parecÃa esta palabra antes, qué extraño es decirla….y qué llena de peso y cariño en vosotros dos”
-”Nunca es tarde para decirla Manu”. Suena el telefonillo como una mala noticia. “Ale, ahà tienes a tu madre, te toca”.
-”No queremos nada, gracias”
-”Dale boluda, abrime, vengo a ver a mi nieto”
-”Bueeeeeeeno, ta’bien, me asomo al balcón y te tiro las llaves, porque el telefonillo no abre”
David se levanta de la cama para ponerse el pantalón, deja a Mateo en su hamaca y le dice “ahora te viste la Bueli, enano, que le hace ilusión”. Abro la puerta y Mifune sale corriendo.
-”Buen dÃaaaaaa, traje cruasanes. ¿Qué tal la noche, cómo la pasaron? ¿cómo durmió el gordito?” y lo llena de besos por toda la cara.
La mañana se alarga ahora de manera tediosa, casi como un guión escrito que se repite sin que ninguno nos atrevamos a romper, llena de verborrea, de palabras vacÃas. Hasta que mi madre decide compartir algo más.
-”¿Cómo tenés las grietas de los pezones?
-”Mucho mejor, con las pezoneras y la crema están practicamente cicatrizadas. Creà que nunca iba a disfrutar de la lactancia, ahora si es algo fácil y especial.”
-”Qué inventos hay hoy en dÃa, mirá si yo los hubiera tenido en mi época. Recuerdo cuando estábamos vos y yo escondidas en el departamento de Buenos Aires, yo tenÃa fiebre por las grietas y la mastitis, pero cómo…”
-”¡¿Cómo?! ¡¿te pasó lo mismo?!”
-”Siiii…bueno, pero como no podÃa salir a la calle, no podÃa ir al médico ni comprarte leche y una mamadera. Cada vez que tenÃa que darte de mamar lloraba y mordÃa un chupete”
-”¿Por qué no pediste ayuda?
-”Mmm…¿a quién?, de todas maneras yo creÃa que la lactancia serÃa asÃ. Por eso pienso que la maternidad la disfruté después, cuando tuve a tu hermano. Bueno, por eso y por todo tu comienzo”.
Esa misma tarde de sábado, en nuestra soledad de tres, David me preguntó cuándo y dónde estuvimos mi madre y yo escondidas en Buenos Aires.
-”No lo sé”.

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